Ray Bradbury - Estados Unidos: 1920






LOS OBSERVADORES – [Relato Corto] 1949
Ray Bradbury


Aquella noche todos salieron de sus casas y miraron al cielo. Dejaron las cenas, dejaron de lavarse o de vestirse para la función y salieron a sus porches, ahora no tan nuevos, y observaron el astro verde, la Tierra. Fue un movimiento involuntario; lo hicieron para comprender mejor las noticias que un momento antes habían oído en la radio. Allá estaba la Tierra y allí la guerra próxima, allá los cientos de miles de madres o abuelas, padres o hermanos, tías o tíos, primas o primos. De pie, en los porches, trataban de creer en la existencia de la Tierra como en otro tiempo habían tratado de creer en la existencia de Marte. El problema se había invertido. En verdad para ellos era como si la Tierra estuviese muerta; la habían abandonado hacía ya tres o cuatro años.

El espacio era un anestésico; cien millones de kilómetros de espacio lo insensibilizaban a uno, dormían la memoria, despoblaban la Tierra, borraban el pasado. Y permitían que los hombres de Marte prosiguiesen sus tareas. Pero esta noche se levantaban los muertos, la Tierra volvía a poblarse, la memoria despertaba y miles de nombres venían a los labios. ¿Qué haría fulano esa noche en la Tierra? ¿Y zutano o mengano? Las gentes de los porches se miraban de reojo.

A las nueve, la Tierra pareció estallar, encenderse y arder. Las gentes de los porches extendieron las manos como para apagar el incendio.

Esperaron.

A medianoche, el fuego se extinguió. La Tierra seguía allí.

Un suspiro surgió de los porches como una brisa otoñal.

- No tenemos noticias de Harry desde hace mucho tiempo.

- Está bien.

- Deberíamos enviarle un mensaje a mamá.

- Está bien.

- ¿Crees que estará bien?

- No te preocupes.

- ¿Crees que no le pasará nada?

- ¡Claro que no, claro que no!

Vamos a acostarnos.

Pero nadie se movió.

Llevaron las cenas atrasadas a los prados nocturnos, las sirvieron en mesas plegadizas y comieron lentamente hasta las dos de la mañana.

El mensaje luminoso de la radio flameó en la Tierra y todos leyeron las luces del código Morse, como una lejana luciérnaga.

CONTINENTE AUSTRALIANO ATOMIZADO EN PREMATURA EXPLOSIÓN.
DEPÓSITO BOMBAS ATÓMICAS. LOS ÁNGELES, LONDRES, BOMBARDEADAS.
VUELVAN. VUELVAN. VUELVAN.

Se levantaron de las mesas.

VUELVAN. VUELVAN. VUELVAN.

- ¿Has tenido noticias de tu hermano Ted este año?

- Y... ya sabes, con un franqueo de cinco dólares por carta no escribo mucho.

VUELVAN.

- ¿Qué será de Jane? ¿Te acuerdas de mi hermanita Jane?

VUELVAN.

A las tres, en la helada madrugada, el dueño de la tienda de equipajes abrió los ojos. Calle abajo venía mucha gente.

- No he cerrado a propósito. ¿Qué desea usted, señor?

Al amanecer, las valijas habían desaparecido de los estantes.


Ray Bradbury - Crónicas Marcianas

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